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Ojo de rapiña (Monólogos sobre una experiencia de escritura)

Néstor Sánchez
La comarca libros
Buenos Aires, 2013

 

Resulta por dónde sea vea una enorme aportación la aparición de Ojo de rapiña (Monólogos sobre una experiencia de escritura) de Néstor Sánchez. Aunque olvidado muchas veces, cada tanto aquí y allá, saltan elogios para una de las voces más radicales de la narrativa hispanoamericana. Nosotros dos, Siberia Blues, El amor, los orsinis y la muerte, Cómico de la lengua y La condición efímera, son para muchos narraciones expansivas que demuestran lo que alguien con un propósito firme puede lograr con el lenguaje. Néstor Sánchez modeló formas de expresión capaces de introducir los registros más variados. Consiguió mezclar lo popular y lo culto, lo coloquial y lo erudito generando un espacio nuevo para la narrativa en nuestro idioma. Esto puede decirse fácil pero no lo es tanto. El ritmo de su prosa se nutrió también del jazz, música por la cual mostró siempre un amor especial.

Ojo de rapiña reúne notas marginales, ensayos, una entrevista, artículos de periódicos y revistas que Federico Barea ordenó. La propuesta es interesante porque permite ver los intereses y las reflexiones de un escritor y lector curioso: “Yo quiero encontrar casi todos los días el libro, la voz de un hombre, que me convoque, que me desubique los esquemas, que me pida cosas, que me obligue a participar, a confundirme, a cumplir un ciclo en su lectura. Por lo general encuentro nada más que historias, mujeres que hablan, idiotas que hablan, paralíticos que hablan, cañeros que hablan, bobos que hablan, monólogos interiores de oficinistas, historias ajenas, historias chismosas, niñitos que hablan, papel, tinta.” Lo que deja claro una posición ante lo que la literatura es y significa para Néstor Sánchez, es decir, una experiencia honda para las seres humanos.

San+Librario

Los comentarios de Sánchez son siempre agudos y revelan por lo general aspectos de lo que el mismo autor pensaba sobre su oficio: “Jamás acepté la exigencia de ‘comunicación’ en la escritura o la de hacer pasar de contrabando el contenido a través de la forma. Jamás acepté esa servidumbre que la prosa mantiene con relación al fatigado esposo de Scherezade, elector, y que tiende en resumidas cuentas, casi siempre, a confirmar los rituales de la tribu y sus jerarquías, a fin de conservar el principio sacrosanto según el cual un hombre escribe y demuestra cosas, investido de un poder absoluto, y otro lee con una disponibilidad absoluta. Conocí esa clase de escritores que creen poseer la ‘verdad’, escritores muy conocidos que enuncian verdades ‘definitivas’, sin duda por miedo a descubrir otras cosas que socavarían su modo de vida y su escritura… Me interesé en ellos, en sus vidas, los escuché hablar: me asustaron.”

El título, Ojo de rapiña, viene de un comentario del mismo Néstor Sánchez y no podría ser más ajustado. Indica que quien lee y escribe con dedicación requiere de una mirada atenta sobre todo. Es de algún modo, un estado de alerta que permite descubrir, indagar y reconocer. Rainer María Rilke escribió en algún lado que para reconocer se requería de humildad, cualidad rara entre aquellos que crean. En Sánchez este rasgo es notable, lo que no significa que haya en sus palabras una postura crítica. La organización de estos materiales muestran un mundo denso y original, son la demostración de que la literatura es también una forma de conocimiento.

Imagen por: Redacción NMX

Pararrayos de Dios. Crónicas de poetas

Crónica Tribal
Perú, 2012.
Rodolfo Hinostroza

Siempre me ha sorprendido el comentario acerca de que los poetas no escriben prosa. La relación con el lenguaje es una, total, o no es ninguna. Muestras que contradicen este absurdo existen muchas. Una más es el trabajo ensayístico, narrativo y autobiográfico del gran poeta peruano Rodolfo Hinostroza. En su momento la publicación de Consejero del lobo y Contranatura, sus dos libros emblemáticos de poemas sorprendieron a todos. Lo hicieron porque era una poesía capaz de dejar mudos a todos. Donde no había más nada que decir, él se plantó y dijo aquí estoy. La rica tradición de la poesía peruana parecía después de César Vallejo, Emilio Adolfo Westphalen, Jorge Eduardo Eielson haber cerrado el paso. Pero vino Hinostroza y se corrió hacia un lado para expresarse de un modo nuevo. Se nutrió de la poesía francesa del siglo diecinueve y de la norteamericana del siglo veinte, sumó a eso su amor por la poesía española del siglo XVI, lo metió un coctel aderezado por sus propios intereses, la comida, la astrología, los viajes y escribió sus poemas. Sin embargo no es de sus poesía en este momento de lo que quisiera hablar, sino de su libro Pararrayos de sol. Crónicas sobre poetas.

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El título proviene de un verso de Rubén Darío pero que recuerda también a aquello enunciado por Ezra Pound: el poeta es la antena de la raza. Esta similitud es importante, pues describe un modo de entender una actividad humana. Hinostroza a lo largo de su libro, con sinceridad pero críticamente, con jocosidad pero sin dejar de ser serio, reúne una serie de relatos sobre los poetas que conoció y que circunscribieron su vida. Su prosa es innegablemente bella y mordaz y esto quedó claro en sus cuentos pero también en sus ensayos como el delicioso Primicias de cocina peruana, mezcla de historia, antropología y vida personal: “Y es que los peruanos somos hermanos del paladar, por encima de la raza o de la condición social: nuestro prodigioso paladar mestizo es herencia, placer, memoria y responsabilidad. Nuestro paladar es resultado del mestizaje del Occidente en América y no nos ha causado dolor como otras formas más violentas y dramáticas del choque de razas, sino más bien deleite.”

Pararrayos de Dios. Crónicas de poetas es un recorrido personal, cargado de descubrimientos personales, observaciones agudas sobre otros, reflexiones sobre la poesía y la literatura, que abonan sobre aspectos de la vida humana que muchas veces resultan difíciles de expresar. Hinostroza no se jacta de ser amigo de todos, precisa siempre cual era su lugar con unos y otros. Cada relato, por otro lado se acompaña de una fotografía y de algunos poemas o textos de los autores biografiados, lo que resulta en una antología descriptiva de la poesía y el mundo cultural peruano —uno de los retratos por ejemplo corresponde a Chabuca Granda— de los últimos cincuenta años. Aparecen por ahí compañeros de generación como César Clavo o Luis Hernández, así como poetas mayores entre quienes destacan José María Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen o Jorge Eduardo Eielson. Hay también retratos de poetas un poco más jóvenes que Hinostroza, como José Watanabe, fallecido lamentablemente ya. La nómina y las anécdotas es larga pero vale cada una de las páginas en que esta escritura, sobria, coloquial y divertida, tan audaz y concentrada como la de la poesía, se demora.

Imagen por: Marina Herrera

Gregory Crewdson

Gregory Crewdson es un fotógrafo norteamericano nacido 1962 en la ciudad de Nueva York donde actualmente vive y trabaja. En su obra retrata los suburbios norteamericanos, siempre en el crepúsculo, momento en que todo pareciera volverse extraño y donde algo está a punto de suceder. Con el crepúsculo de telón de fondo, Crewdson transforma lo ordinario en extraordinario, de ahí su calidad poética. Su trabajo convierte lo familiar y acogedor de los suburbios de las grandes ciudades en espacios misteriosos, perturbadores y dramáticos.

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Crewdson comienza su trabajo desde el momento en que elige un lugar. A partir de ahí fabrica todos los componentes. Para conseguir sus efectos controla hasta el último detalle. Para ello cuenta con cuarenta colaboradores y una cámara de gran formato. Generalmente los protagonistas de sus fotografías son personas sin experiencia actoral. Sus imágenes por lo regular consiguen una tensión entre lo real y la ficción, lo natural y lo artificial, lo bello y lo decadente. Esta tensión y extrañeza hace que el tiempo nos parezaca suspendido, algo fuera del mundo conocido. Sucede que la vida ordinaria se recompone para volverse cinematográfica.

Un punto interesante de su obra ¾además de su belleza y armonía¾ es que el fotógrafo invita al espectador a imaginar y elaborar una historia. Es decir, Crewdson sugiere suficientes elementos suceptibles de producir una narrativa.

Su más reciente serie de fotografías, Sanctuary, fue realizada en Cinecitta en Roma. Los estudios fueron abandonados hace tiempo y Crewdson decidió abordarlos como sus nuevos protagonistas.

Gregory Crewdson estudio Arte en State University en Nueva York en 1985 y realizó su maestria en fotografía en la Universidad de Yale en 1988. Ha exhibido su trabajo a lo largo de Estados Unidos, así como en Europa. El Museo de Arte Moderno de Nueva York o el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York han adquirido su trabajo. Actualmente lo representan las galerías Gagosian en Nueva York y White Cube en Londres. Es además Director de Estudios de Fotografía en la Universidad de Arte de Yale.   Un documental de su trabajo titulado Brief Encounters se dio a conocer recientemente. Aquí el trailer de la película:

Entrevista

Imagen por: Ben Shapiro

Amiri Baraka, 1934-1914

Amiri Baraka, 1934-1914
Publicado el 10 de enero, 2014.

Portrait Of Amiri Baraka

El día de ayer, 9 de enero, falleció Amiri Baraka destacado poeta, dramaturgo, ensayista, narrador, crítico de jazz, activista social y político norteamericano. Sus poemas participan del gran impulso renovador de la poesía de los Estados Unidos que se dio en los años cincuenta y sesenta y que atomizado en distintos cauces llega hasta nuestros días.

Baraka -conocido en otro tiempo como Leroi Jones, antes de la muerte de Malcom X y su adopción de la religión musulmana- abrevó para elaborar su poética de distintas ideas entre las que se encontraban las introducidas por Charles Olson en sus ensayos “El verso proyectivo” y “El universo humano”. Para Baraka, la respiración como centro gravitatorio de su poesía resultó fundamental, pues gracias a ella consiguió hacer correr por sus líneas distintos flujos de energía que, de un modo orgánico, transitan intensamente por las más variadas emociones.

Como pocos consiguió escribir poemas de corte político sin rayar en el panfleto. Sus temas en este sentido abarcaban la defensa y promoción de la cultura afroamericana, el racismo, la igualdad entre géneros, la ecología y la injusticia de muchos gobiernos. Estos asuntos los trató en su literatura -en sus poemas, ensayos y narrativa- pero no solamente. Su crítica de jazz resultó indispensable para entender un fenómeno político y social, que desde la música hizo frente a desigualdades de diversa índole. Baraka pudo escribir sobre una música que surgía en el momento mismo en que él la registraba. Para ello prácticamente inventó un vocabulario que hoy sigue utilizándose. Su libro Black Music, describe por ejemplo, el surgimiento del free jazz. Nombres que en la actualidad resultan muy conocidos como Albert Ayler, Archie Shepp o Milford Graves en otro tiempo no lo fueron tanto. Baraka vivió y colaboró con estos músicos, por lo que se convirtió en un informante de primera mano.

Para Baraka la lectura de poemas en voz alta era de suma importancia. Realizó por lo mismo muchas apariciones públicas en pequeños bares y teatros. A continuación les compartimos su participación en el documental Poetry in motion de Ron Mann de 1982, un testimonio imperdible de un momento extraordinario.

Imagen por: Hillel Italie

Actualidad de Dziga Vertov

El cine ruso ha producido un importante número de cineastas con propuestas muy diversas pero que han resultado ser inspiradoras para el cine mundial. Entre ellos se encuentra Andrei Tarkovski, desde luego, pero también otros menos conocidos y no por ello indispensables como Alexander Sokurov, Otar Iosseliani o Artavazd Pelechyan por mencionar algunos entre los vivos. Una de las piedras de toque de esta larga tradición corresponde al trabajo de Dziga Vertov.

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Vertov filmó y lanzó al mundo El hombre de la cámara en 1929. En 1922, publicó el manifiesto Cine-Ojo. Desde ese año desarrolló poco a poco sus ideas sobre lo que una película podría ser. Era un tiempo de acelerados cambios sociales, políticos y también artísticos. La Rusia de esos años produjo uno de los momentos más intensos de la historia del arte. Maiakovski y Klebnikob repartían cada uno su modo poemas por las calles, Ajmátova, Pasternak, Mandelstam y Tsvietáieva, desarrollaron en ese agitado momento sus singulares obras poéticas, en el teatro Stanislavski y Meyerhold plantearon sus hoy conocidas teorías, en la pintura surgieron figuras como Kandinsky y Málevitch, Tatlin y Gabo renovaron la escultura, Melnikov, la arquitectura. Fue un tiempo de entusiasmos que duraron poco pero que gracias a su inmensa energía cambiaron el mundo a pesar de quedar eclipsados por el horrible periodo stalinista que silenció todo.

Para Vertov el cine no podía quedarse atrás. Tenía pocas décadas de existencia pero sus posibilidades de expresión se desplegaban rápidamente. En sus manifiestos Vertov escribió: “Nosotros, kinoks, hemos convenido en calificar como cinema auténtico, un cine construido a partir de una organización de materiales de carácter documental fijados por la cámara. En cuanto al cine fundamentado a partir de materiales proporcionados por actores, que representan ante la cámara y fijados por ésta, hemos convenido en considerarlo como un fenómeno secundario de orden teatral.” Y aunque El hombre de la cámara puede parecernos que no cumple hoy en día a cabalidad esta propuesta, la idea abre nuevas tentativas que no ha sido quizá hasta nuestro tiempo que han sido posibles de llevar a cabo. Cinco de Abbas Kiarostami es un ejemplo de ello, pero existen otros, y estamos seguros que habrá nuevas películas que insufladas por las ideas de Vertov nos regalaran un asidero más para la expresión humana.

Imagen por: Arlindo Machado

Antoni Tápies: Un reconocimiento

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Este mes de diciembre se cumplen 90 años del natalicio de Antoni Tàpies. Su obra gráfica es sin lugar a dudas una de las referencias más importantes del arte posterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta nuestros días. Tápies planteó nuevos modos de aproximarse a la gráfica y borró en muchas ocasiones los márgenes entre la pintura y la escultura. Utilizó de modo directo objetos resignificándolos dentro de sus cuadros y dándoles a estos últimos un relieve material cargado de misterio antes desconocido. Trabajó también desarrollando un lenguaje de símbolos que logró poner en tensión estableciendo relaciones nuevas.

Paralelamente a su trabajo gráfico, proyectó un importante grupo de textos —ensayos, artículos, entrevistas— en los que desplegó importantes reflexiones sobre el arte de su tiempo y del pasado. El libro El arte y sus lugares, es un deslumbrante ensayo gráfico en el que Tápies reunió imágenes de objetos artísticos y no artísticos del presente y del pasado, que contraponiendo unos a otros, establecen una inteligente e innovadora manera de entender lo que es el arte, además de que nos enseña a reconocer sus formas y sus mecanismos con una generosidad y capacidad didáctica poco frecuente entre los artistas.

Como un reconocimiento a su invaluable trabajo, compartimos con ustedes a continuación, algunos fragmentos tomados de distintas entrevista e imágenes de su obra que esperemos disfruten tanto como nosotros.

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Para mí, todas las cuestiones relativas a la objetividad-subjetividad son diferenciaciones escoláticas que, en principio, no me parecen exactas. Creo que en todas las cosas que hacemos, vemos, analizamos, el mundo exterior y el interior se penetran mutuamente. Igualmente no veo barrera alguna, ninguna frontera entre subjetividad y objetividad, ¿dónde empieza una y la otra termina? Hay muchas cosas que suponemos que representan el mundo interior, pero que al fin y al cabo las ha engendrado nuestra imaginación; en otras palabras: consideramos objetivo lo producido por nuestra mente. «Yo soy mi circunstancia», dice Ortega y Gasset. Pero Con este tipo de cuestiones nos podríamos perder en una discusión filosófica sin fin. Me parece que es muy importante comprobar en todo momento, de nuevo, nuestro saber y los valores que se le asocian. Me gustaría que perdiésemos cada vez más la confianza en lo que queremos creer y en lo que consideramos cierto, a fin de recordar en todo momento que aún queda una infinidad de cosas por descubrir.

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En realidad, mis obras permiten diferentes lecturas. Sin embargo, al sugerir las cosas gano un margen mucho más amplio de asociaciones que me gustaría provocar en el espectador. En un principio era algo que no analizaba, pero desde un tiempo a esta parte he estado estudiando el arte del Extremo Oriente, en el cual la polivalencia tiene una gran importancia. Así, pues, he observado que cuando las cosas se dibujan solamente de forma alusiva, el espectador se ve obligado a completarlas con su propia imaginación, lo cual implica su participación, una participación en el acto creativo, lo que considero muy importante. De esa manera el espectador participa de los problemas del artista. En la pintura china, en la que ya una ramita en un ángulo a un lado del cuadro supone una obra terminada, en tanto que el resto del cuadro permanece vacío, el espectador tiene que reconstruir todo el árbol y con el mismo la fuerza germinadora que se halla en relación con todo el cosmos.

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Los apuntes funcionan unas veces, otras no; no siempre puede hacerse realidad lo que uno se imagina. En primer lugar uno tiene que entrar en diálogo con los materiales, pues los materiales hablan, tienen su propio lenguaje. De ahí proviene la comunicación entre ellos y el artista. Con frecuencia tiene que dejarse de lado una idea porque el elemento se opone a ella. Entonces empieza una especie de lucha entre la idea que intento expresar y la forma que quiero darle. Es decir, los cuadros se revelan cuando la idea que quiero manifestar es demasiado ordinaria, elemental o superficial. En ese caso añado algo más, lo tacho o destruyo los colores. El cuadro mismo pide las modificaciones. En resumen, mi método de trabajo consiste en un diálogo entre la idea original, tal como se nos da a conocer a través de las sensaciones diarias, y la materia de la tela.

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Durante siglos se creyó que el espacio era una cavidad en el interior de la cual había cuerpos individuales, como marionetas que se movían por la fuerza de un ser sobrenatural. Creo que la concepción actual ya no tiene nada que ver con la representación. Con la noción de cuerpos separados se creó una especie de antagonismo entre el tú y el yo, y una contraposición entre el hombre y la naturaleza. Esto fue decisivo para la formación de la mentalidad europea: luchamos contra la naturaleza y contra nosotros mismos. Las ideas contemporáneas sobre el espacio, por el contrario, se acercan mucho más a las de Extremo Oriente. Entre tú y yo existe algo, campos magnéticos y emanaciones eléctricas que no podemos ver pero que existen realmente y forman una unidad de los dos, una unidad también con la naturaleza.

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Los materiales, la expresión, la forma, los colores. Miró estuvo influido por las corrientes artísticas que valoraban la recuperación del arte primitivo, el lenguaje expresivo de los niños, del subconsciente. Todas estas ideas se hacen patentes en él según mi visión, a Picasso lo encuentro todavía mentalmente ligado a los temas de la pintura clásica. Es evidente que desencadenó una revolución y que también estuvo influido por el arte africano y primitivo antes que Miró. En la generación de Miró, no obstante, el artista seguramente estaba más maduro para poder recoger mensajes, como éstos, de otras civilizaciones que han dejado su huella en la cultura moderna.

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Por aquellos años en los que aún buscaba mi propia pintura, en los que buscaba mi identidad en el arte, me interesé también por la fotografía. A menudo me he preguntado qué es la pintura, pues después del descubrimiento de la fotografía y el cine se ha modificado por entero la perspectiva de las artes plásticas. Así pues, de un modo indirecto, me he interesado por la fotografía para evitar acercarme demasiado a ella con mi pintura.

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Pero la idea de objeto ya existía desde hacía tiempo en mis cuadros, siempre he considerado el cuadro como objeto, no como una ventana, lo normal en la pintura. Por eso doy relieve a la superficie y algunas veces incluso he trabajado el cuadro por detrás: transformo un cuadro en un objeto mágico que tiene poderes curativos al entrar en contacto o colocarlo encima del cuerpo y que ejerce una influencia como un talismán.

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Siempre he procurado sacar provecho de las dificultades. En mi trabajo me sucede con gran frecuencia que, por ejemplo, necesito un pincel muy fino y en su lugar utilizo los dedos. Muchas veces, a través de las dificultades, me viene la idea justa para la obra. Así, por ejemplo, si no consigo hallar pronto el papel que busco, cojo un papel de periódico y pinto en él. Me gustan las dificultades, prefiero, como ya he dicho antes, colores que se sequen rápidamente, prefiero los pinceles de mala calidad a los buenos y muy nuevos. En una ocasión me regalaron unos pinceles japoneses y chinos maravillosos, pero nunca los he utilizado. Tengo una gran colección de pinceles, de todas las medidas y formas, grandes y pequeños, que ni siquiera toco.

Imagen por: Arte Trama

De tal padre, tal hijo

Director: Hirokazu Koreeda, Japón, 2013
Duración: 120 minutos

Conocemos en México el cine de Hirokazu Koreeda desde 2005, año en que el Festival de Verano de la UNAM exhibió el filme Nadie sabe (Dare mo shiranai, 2004). Más tarde, el ahora extinto FICCO mostró también algunas de sus películas, entre ellas Caminando aún (Aruitemo, Aruitemo, 2008).

Este año dentro de la 55 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional se exhibió la última cinta del director japonés, De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni Naru, 2013).

La película narra la historia de Ryota Nonomiya, un hombre de negocios obsesionado con el trabajo, quien ve transformado su mundo cuando se entera, después de seis años, que el hospital donde su esposa Midori dio a luz a su hijo Keita, intercambio a los bebés. Ahora quien creía que era su hijo biológico, resulta ser el hijo de Yudai y Yukari, los dueños de una pequeña tienda en los suburbios de Tokio. La humilde familia ha cridado a Ryusei, el verdadero hijo de Ryota y Midori. Ahora las dos familias tendrán que ponerse de acuerdo y decidir cómo resolver la situación.

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A diferencia de filmes como en El Gran Pez (Big Fish, 2003), Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948), La carretera (The road, 2009), No perdonarás (He got a game, 1998), De tal padre, tal hijo muestra esta relación trascediendo los lazos emocionales y confrontándolos con la importancia de la herencia genética. Koreeda nos cuestiona sobre si es más profunda una relación consanguínea o si la paternidad tiene que ver con el tiempo que compartes con un hijo.

Hirokazu Koreeda, quien es reconocido por la crítica como el heredero del cine de Yasujirô Ozu, es un director que sabe mostrar los dramas sociales de una forma sencilla, sin caer en un chantaje melodramático como a los que estamos acostumbrados a través de la televisión.

El estilo de Koreeda también se encuentra en esa delgada línea entre el documental y la ficción, como lo mostró en su película Nadie Sabe, en donde unos niños son abandonados por su madre.

En De tal padre, tal hijo, filme galardonado con el Premio del Jurado en el pasado Festival de Cine de Cannes, el director nos narra la historia utilizando emplazamientos y paneos lentos logrando un efecto de toma fija como lo vemos al inicio de la película durante una entrevista escolar con los personajes Keita, Ryota y Midori. La influencia del slow cinema -cine contemplativo de secuencias largas y tomas fijas- también está presente en los encuadres y tomas, así como los protagonistas casi siempre aparecen en primer plano sin que existan otros personajes en cuadro provocando distracción. Otro elemento es el casi inexistente uso de musicalización, tan sólo en puentes visuales o escenas contemplativas escuchamos las Variaciones de Goldberg (Bach, 1741) dejando los momentos “dramáticos” al natural. De esta forma pausada, pero amena, nos relata la vida de las dos familias: los Nonomiya y los Saiki..

Destaca además la facilidad de Koreeda para dirigir niños y plasmar una entrañable relación entre todos los actores, que se ve reflejada en cada escena. El joven padre, Ryota, es quien guía la historia al tratarse del personaje con el mayor conflicto tras sentirse engañado y lamentar el tiempo perdido con su “verdadero” hijo y sus sentimientos hacia el que ha criado como tal.

El mismo director mencionó en una entrevista que él es padre de una niña de seis años y desde que nació su hija, se cuestionó cómo se construye la relación entre padre e hijo. Es por ello que, en el filme plasma diferentes niveles, desde las diferencias socio-económicas entre las dos familias, hasta la impartición de justicia y la forma de corregir este tipo de errores por parte de las instituciones, quienes consideran que el cambio de niños es “la solución más sencilla”. Pero el filme va más alla, al plantear el momento en que alguien se vuelve padre o madre, y si esa relación se legitimiza por las características heredadas o por el aprendizaje que un padre transmite a un hijo a través de la convivencia. Sin sentimentalismos, Koreeda nos presenta de forma inteligente este drama y nos deja preguntas abiertas sobre la paternidad para que seamos nosotros, como espectadores, quienes respondamos.

Imagen por: Film-Cine

Gloria

Director Sebastián Lelio, Chile/España, 2013
Duración: 110 minutos

Paulina García es Gloria, una atractiva mujer, divorciada desde hace 13 años, con una sonrisa seductora, que se acerca a los sesenta años y disfruta de visitar en las noches centros nocturnos para bailar y quizás conocer a algún hombre interesado en ella.

Madre de dos hijos adultos, hombre y mujer, independientes y que rara vez hablan con ella, Gloria tiene una vida bastante rutinaria, un trabajo de oficina, un vecino desquiciado que tiene episodios de locura por las noches, que nunca la deja dormir y un gato que insiste en meterse en su departamento. Sus momentos de desfogue y felicidad son cuando canta mientras conduce su automóvil además de las noches, a las que ve como una oportunidad para salir, conocer gente y con suerte no dormir sola.

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Una de esas noches en el centro nocturno que frecuenta para bailar, Gloria conoce a Rodolfo, un hombre de sesenta y tantos años, que tiene un año de divorciado y parece no saber bien cómo acercarse y conquistar a una mujer. Gloria, quien ya es una experta en el tema, da pie para que el tímido Rodolfo tenga una oportunidad con ella. Después de beber y bailar salsa, ambos terminan en la cama.

Luego de varias citas, Gloria ve en Rodolfo la materialización de esa esperanza de poder compartir la última etapa de su vida con alguien. El romance parece ir muy bien hasta que Gloria descubre que Rodolfo tiene una gran carga, sus dos hijas adultas no tienen trabajo ni estudiaron una carrera, así que él debe hacerse cargo de ellas y de su ex esposa. Gloria intenta separarse de Rodolfo, pero el sentimiento de profunda soledad y vacío la hace regresar y darle más de una oportunidad.

Comedia y drama se entrelazan en esta historia inteligentemente escrita y dirigida por el realizador chileno Sebastián Lelio, quien nos muestra el punto de vista de una mujer que, a pesar de ser pasional, entregada, sonriente y muy atractiva, vive con un gran miedo, la soledad. La excelente actuación de Paulina García la hizo merecedora del premio a Mejor Actriz en el pasado Festival Internacional de Cine de Berlín.

Imagen por: Pablo Gamba

Improvisación libre. La composición en movimiento

Rafael José Díaz
Editorial Dos Acordes
Pontevedra, 2010

“Músico es alguien que es capaz de tocar un instrumento, de componer y de improvisar. Desgraciadamente en la música clásica posrenacentista, se separó profundamente el proceso de creación y el de la interpretación, y esto se mantiene todavía en nuestros días. Así, no es difícil encontrar un compositor que no toca ningún instrumento, un intérprete que no sabe improvisar o un improvisador que no escribe música. Las tres facetas forman parte de la actividad musical.
Y, sin embargo, en los últimos años una cantidad significativa de compositores incluyen la improvisación como parte sustancial de sus composiciones y utilizan técnicas, elementos o parámetros más propios de la improvisación libre, como la densidad, la tímbrica, la característica del fraseo, la presencia o ausencia de pulso, la interacción entre los músicos, etc.”
Estos dos párrafos defienden un punto de vista al mismo tiempo que establecen un marco dentro del cual es posible comprender un fenómeno, que como la misma Chefa Alonso (La Coruña, Galicia, 1955) apunta, es progresivamente más frecuente en nuestros días. La improvisación forma parte de un importante número de músicas. La improvisación libre es una práctica de nuestro tiempo, de ahí la pertinencia de comprender y discutir sobre esta forma musical.

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Alonso es una reconocida saxofonista y percusionista de improvisación libre, y aunque su libro se originó como parte de una tesis doctoral, es posible leerlo con agrado y sorpresa pues sus ideas provienen de una concentrada experiencia personal.
Al igual que el famoso libro de Derek Bailey, La improvisación, la autora también da voz a experimentados músicos, quienes desde su perspectiva explican y valoran el ejercicio de improvisar. Alonso defiende entre otras cosas que contrariamente a la idea generalizada, la improvisación puede tener una voz propia, tanto, como la música compuesta por un solo compositor. El planteamiento es interesante pues homologa estas dos prácticas haciendo a un lado prejuicios y lamentables jerarquizaciones musicales, culturales, políticas y sociales derivadas de una idea de “prestigio”.
El libro viene además acompañado por un breve y valioso documental, Shores, dirigido por Barbara Meyer, en donde Ute Völker, acordeonista alemana, y Chefa Alonso, hablan sobre su trabajo, sus aproximaciones y exploraciones al universo de la improvisación.
El video a continuación, fue realizado en mayo de este año, durante la visita de Alonso a México, en un taller impartido en Apizaco.

Imagen por: ENTENGUERENGUE

100 años de En busca del tiempo perdido

Hoy se cumplen 100 años de la primera entrega, “Cambray”, de la emblemática novela de Proust, En busca del tiempo perdido. El proyecto narrativo de Marcel Proust quedó inconcluso y en vida solamente publicó cuatro de los siete tomos a los que el narrador francés dio forma. Sin embargo, este carácter inconcluso no está en el incumplimiento de una meta si no en la imposibilidad de un fin. Así como James Joyce hizo del pensamiento interno un recurso para narrar la inabarcable realidad, Proust fue hacia el tobogán de la memoria. Cada recuerdo establecía una nueva relación que expandía sin remedio el pasado acumulado de una vida. Tanto Joyce como Proust elaboraron con su literatura una experiencia que buscaba la intensidad de lo real. Era la vida misma la conquista que perseguían. Su influencia hoy es imborrable y ha producido infinitas ramificaciones que han ampliado y enriquecido la expresión humana. Casi de modo inmediato a la publicación de la obra, Edith Wharton escribió: “Con un conocimiento general de la literatura que se extendía mucho más allá de los límites habituales de la cultura francesa, elaboró una visión peculiarmente suya; estaba así excepcionalmente capacitado para dar el paso siguiente en el desarrollo del arte sin renegar de su pasado ni malgastar la riqueza de la experiencia heredada.” Samuel Beckett, por su parte, reacio a dar opiniones, publicó un valioso ensayo sobre el narrador francés en el que expresaba lo siguiente: “La ecuación proustiana nunca es simple. La incógnita, escogiendo sus armas de un arsenal de valores, es también lo inconocible.” Quizá en esto mismo, reside su grandeza.

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Imagen por: Carel Peeters