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Jorge Juan Moyano: Matter Matters (Casa del Mendrugo, Galería Lazcarro, Puebla)

Hay una hermosa galería dentro de una casa del mendrugo que guarda un entierro de siglos pasados y que, por circunstancias patafísicas, a mi juicio, activa la exposición de Jorge Juan Moyano con el título: Matter Matters.

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En la exposición se respira tiempo: sensaciones figurales y formales que avivan el color, la tipografía, la línea.

Es un hecho que una sensación es algo aislado. Es como hacer un zoom en el momento en que nuestro cuerpo experimenta. En los lienzos de Moyano descubrimos sensaciones que guardan entre sí intensidades: la sensación de clavar un tenedor en las capas de un tejido cerebral; la sensación de palabras que en nuestra época están sobre-significadas como es el caso de la higiene; la sensación de unos órganos; la sensación de la caverna; la sensación de leer la palabra en francés: dépeuplées; la sensación de encontrar donde menos te lo esperas, como un hecho propietario de su misma materia, dueño de su importancia: una mancha amarilla.

Y desde otro punto de vista, la sensación de la densidad del cemento y la ligereza de algunos letreros callejeros, la sensación previa, de meter el dedo a una banqueta fresca y marcarla con frases que coquetean con ser aforismos. Las placas de cemento de Moyano me hicieron recordar el tono emotivo de aquél chiste de un personaje que al ver un graffiti, dice: “Dios ha muerto, atte, Nietzsche”. E inmediatamente gira y ve otro donde lee: “Nietzsche ha muerto, atte, Dios”. Encontramos cuadros, placas y grabados, que reconocen de modo directo la arbitrariedad de la vida cotidiana.

Tal como Henri Rousseau y Francis Bacon, Moyano, guarda periódicos y utiliza la noticia para conseguir la sensación que, como descibre Gilles Deleuze: “es el momento en que el cuerpo intenta escaparse por uno de sus órganos”. Es, repito, una especie de zoom a la realidad cruda del cuerpo y a la cualidad y grado estético que los puede enmascarar, al estilo de las naturalezas muertas del pintor Jean Siméon Chardain en quien Moyano dice inspirarse.

Me parece que Moyano interpreta la profundidad al modo de Michel Tournier: como vastas dimensiones, por tanto, superficies de no poca profundidad. Tanto las placas de cemento como los lienzos resaltan una tonalidad emotiva que compartimos, la de la superficialidad. En esa línea pienso que lo que observamos en la exposición que ofrece la galería Lazcarro de Puebla, es la apreciación actual de un zoom: el acercamiento a la vida intensiva en su modo extensivo, es decir, órganos del sujeto convertidos en acciones en los lienzos, y acciones convertidas en órganos en las placas de cemento. De esta manera hay un afortunado contrasentido en la obra de Moyano: el acercamiento a la profundidad se corresponde a lo superficial.

Imagen por: Rebecca Smith Hurd

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