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A quienes sin saberlo estaban destinados a leer a Susan Sontag

De entre algunas de las lecturas que he hecho a lo largo del tiempo, debo decir que una de las más estimulantes y entrañables ha sido mi relación con los libros de Susan Sontag. Esto es así gracias a su capacidad de compartirnos su amor por otros autores y creadores del arte. Un amor sostenido en la reflexión crítica y un pensamiento abierto, pero sobre todo en una curiosidad ilimitada capaz de reducir los problemas más difíciles a conocimientos tangibles, así como también de ver y destacar en los detalles los signos sutiles de las experiencias más intensas de la literatura y el arte.

American Intellectual and Writer Susan Sontag

El siglo XX produjo muchas de las obras de expresión más intrincadas del paso del hombre por el mundo. Esto, sin embargo, no fue para Sontag un impedimento sino un reto. Sus ensayos buscaron siempre llevar lo oscuro a claridad. Esto sucedió a veces con directores de cine, escritores o pensadores tan complejos como Jean-Luc Godard, Robert Walser o Roland Barthes. De todos ellos aprendió que la dificultad no es otra cosa que un posibilidad para desplegar la imaginación. Su ensayo sobre la película Persona de Ingmar Bergman, por dar un ejemplo, resulta uno de los más útiles modelos para hablar sobre una obra de arte. Esto es así porque el ensayo desentraña los elementos que integran el film, pero también porque la aproximación se realiza desde el punto de vista de los sentidos ¾ojos, oído, gusto, olfato, tacto, intuición¾, lo que no descalifica de ningún modo tampoco la cabeza.

En este sentido su ensayo “Contra la interpretación”, publicado en su primer libro con el mismo título en 1966, sigue siendo un faro para la comprensión de muchos de los fenómenos artísticos de nuestro tiempo. La tesis de Sontag es simple pero contundente: hemos dado demasiado prestigio a la razón, pero conocer va mucho más allá de las capacidades intelectuales. Se trata, según nos dice de mostrar “cómo es lo que es”, incluso “qué es lo que es”, y no en mostrar qué significa la obra de arte. Lo que no niega que es posible acercarse al arte y hablar de éste desde una experiencia personal que no anula la objetividad ni la discusión.

Hace algunos años decidí elegir “Contra la interpretación” como una lectura obligada en muchos de los cursos que hacía en una universidad. Las clases tenían distintos temas y objetivos, lo que nunca me impidió leer este trabajo de Sontag sin sacarle provecho. Me parecía y me sigue pareciendo que leer, ver un cuadro o una película, escuchar música, son experiencias activas que se accionan desde todos los rincones del cuerpo. Leer ese trabajo era una oportunidad para compartir un modo de ver que se entendía desde la academia como algo pernicioso. Me resultaba placentero saber que alguien me había enseñado algo para compartir con otros, porque si a mí me había abierto los ojos seguramente le sucedería lo mismo a quienes sin saberlo estaban destinados a leer a Susan Sontag. Ubicarse hoy en día con respecto al arte y la literatura es un trabajo arduo que sin otros sería imposible. La obra de Sontag desde esta perspectiva es imperdible. Gracias a ella leí a escritores desconocidos pero hoy para mí muy queridos como Leonid Tsypkin. Por ella también mi lectura de Dostoievski ha sido, lo digo sin ninguna duda, mucha más redonda y abarcadora.

Imagen por: Lisa Thatcher

FOG

En el museo Guggenheim de Bilbao se presenta actualmente una escultura de la artista japonesa Fujiko Nakaya. Se titula FOG, y es tal cual, niebla —blanca y densa—, lo que se levanta desde el piso y se esparce alrededor de las paredes del edificio de Franz Gehry. La nube inmensa invade por completo el panorama: los puentes que forman parte de la ciudad vasca, las esculturas que acompañan los exteriores del museo —entre ellas los globos de Jeff Koons y la araña de Louise Bourgeois—, así como también invade a los visitantes y transeúntes, además de la imaginación de cada uno de ellos. La niebla se infiltra de tal modo que no ofusca ni obnubila, y esto gracias a su presencia rasa.

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¿Por qué fascina esta escultura?, ¿qué tiene de relevante? Precisamente su carácter de cotidianidad. El encanto de un suceso ordinario que casi todos hemos visto y conocemos, pues ¿quién no recuerda escenas de vapor saliendo de alcantarillas o las bocas laterales de túneles vociferando? ¿Qué nos dice esa niebla? Su densidad provoca en nuestros ojos una sensación de búsqueda, ¿qué nos demanda explorar? El budismo zen enseña entre otras vías para encontrar el sentido de la vida, el koan: un problema que exige una solución no racional capaz de contener un significado trascendental. FOG es una especie de koan. Niebla en la cual meditar.

La propuesta de Fujiko Nakaya esculpe dentro de nuestra mente un espacio de libertad y de nuevas relaciones con la naturaleza. La niebla, como un arte para el sosiego de la mente.

Imagen por: Phillip Maiwald

Sobre los desconocidos-a-medias

Con la gran cantidad de personas que hay en el mundo es previsible que sean cada vez más los desconocidos con los que nos podemos topar en cualquier momento. Esto es muy evidente en las filas atestadas para entrar a un insulso restaurante o en la pérdida de asientos disponibles en el transporte público. Un desconocido es un ente anónimo, el sonido leve de unos pasos o una oscura silueta en el cine. Es perturbador pensar las cosas en común que podemos tener con aquel hombre que está sentado en una banca del parque o con aquella mujer que espera la señal del semáforo para cruzar la calle. Si uno es paranoico los afables personajes que desfilan por nuestra ventana pueden ser potenciales asesinos, criaturas macabras dispuestas a asestarnos una puñalada en cuanto les demos la espalda. Nuestro delirio no es gratuito y sus orígenes son, para algunos, atávicos: miedo al extranjero que te puede contagiar la peste; miedo al trashumante que te arruina la vida con un hechizo.

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Hay otra clase de desconocidos, desconocidos-a-medias, personas que sólo hemos visto una vez, quizás en una fiesta o en la fila de un banco y con las que quizás intercambiamos un saludo de cortesía o hicimos el consabido comentario sobre el clima. Estos encuentros se archivan en la memoria pero pronto se pierden en el tiempo. No hay nombre, sólo un vago rostro acompañado de alguna inútil referencia. El desconocido-a-medias se interna en las calles y recupera su saludable condición de anónimo. El problema es cuando, semanas después, lo vemos en un centro comercial o caminando en la misma calle que nosotros. ¿Qué hacer? Si lo ignoramos nos puede catalogar como individuos con poca educación y si lo saludamos corremos el riesgo de no saber qué decir. ¿Reciclar la charla anterior? ¿Estrechar la mano y esperar que él tome la iniciativa? La decisión que tomemos puede derivar en el ridículo o en resolver el dilema con solvencia. Entonces sucede lo que tememos: aquel desconocido-a-medias se acerca desde el otro extremo de la calle y ya es demasiado tarde para evitarlo. Nuestra mente se pierde en laberínticas suposiciones. Nos estrecha la mano mientras apenas balbuceamos un saludo. Un segundo se extiende y parece no acabar. Quizás el ruido del tráfico funciona como un elemento al cual aferrarse. Quizá, después del saludo, intentamos un esbozo de sonrisa que nos hace sentir tontos. Pronto el tiempo parece recuperar su velocidad normal y, de manera inesperada, el encuentro termina sin que sepamos, a ciencia cierta, lo que dijimos: si la inercia nos condujo a algún comentario ingenioso o, por el contrario, abundamos en lugares comunes que fueron escuchados, no con poca condescendencia, por nuestro interlocutor.

Lo que tampoco sabemos –acaso en ese momento lo comenzamos a sospechar– es que ese desconocido-a-medias entra en otra categoría que no acabamos de entender y que escapa a clasificaciones fáciles. Sin embargo tenemos la inquietante certeza de que un nuevo encuentro está acechando a la vuelta de la esquina: cada cruce de miradas, cada saludo de cortesía en el banco o cada compra pueden engendrar un desconocido-a-medias que echará a andar el ciclo de probabilidades hasta que nos los topemos ahí, en la misma calle, y quizás lleguemos a la conclusión de no salir más de casa para evitar ese ejército que está dispuesto, en todo momento, a incomodarnos.

Imagen por: Caravasar Libros

Sueño y silencio de Jaime Rosales

Esta semana se inaugura en la Cineteca Nacional un ciclo de cine español que proyectará la película Sueño y silencio (2012) de Jaime Rosales (Barcelona, 1970). En México fue posible ver sus películas anteriores La soledad (2007) y Tiros en la cabeza (2008), lo que no sucedió con su primer film, Las horas del día (2003). Rosales pertenece a una línea de directores españoles entre quienes se encuentra Víctor Erice o José Luis Guerín, que persiguen un cine decantado formalmente pero con aspiraciones poéticas poco frecuentes en el cine contemporáneo. Para ello utilizan pocos elementos, por ejemplo, planos secuencias demorados que, sin ser aburridos, permiten al espectador atender lo que sucede con una concentración especial.

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En Sueño y silencio Rosales trabajó de nuevo con Enric Rufas como coguionista. La película está filmada en blanco y negro y utiliza actores no profesionales. Rosales ha comentado que esto se debió al carácter de improvisación, espontaneidad y veracidad que buscaba imprimir en el film. Los actores por lo mismo desconocían los diálogos y reaccionaban respondiendo a los sucesos que se planteaban durante el rodaje.

Como en sus películas anteriores, sucesos cotidianos son transformados por un acto significativo. En esta ocasión Oriol y Yolanda, arquitecto y profesora, toman unas vacaciones con sus hijos en el Delta del Ebro, entonces un accidente trastoca su apacible vida. Rosales nuevamente vuelve a indagar sobre las difíciles relaciones humanas desde un punto de vista ascético que exige al espectador mediante un hermoso y reflexivo diseño visual, un compromiso distinto al usual.

Como dato curioso, aparece en la película, Miquel Barceló, el renombrado pintor catalán. Sueño y Silencio no es la última película realizada por Rosales. En el 2014 tocado por los acontecimientos económicos de los últimos años en su país, rodó Hermosa juventud. Al respecto de esta película declaró en una entrevista no ser un optimista pero si tener confianza en los jóvenes.

Aquí les compartimos el tráiler de Sueño y silencio, imperdible.

 

Imagen por: SOMUIB Noticias

La Crepitación. Poesía Reunida. 1991-2006

José Rafael Díaz
La garúa libros
Barcelona 2012

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La poesía escrita en nuestro idioma abarca un amplio territorio en donde España constituye apenas una pequeña parcela. La diversidad de la poesía chilena, argentina, peruana, nicaragüense o mexicana, por nombrar algunas zonas del  territorio poético de nuestra lengua, potencian y enriquecen en sus procesos de actualización, una atomización que antes de ser unidad, conforma en realidad una galaxia expansiva. Contrariamente a lo que el mercado editorial pretende, la mejor poesía evade el español de traducción buscando una singularización que detone la expresividad. Esto sucede notoriamente en los países de América Latina, en los cuales las oposiciones y las diferencias entre muchos poetas, permiten desmarcar voces que amplían las posibilidades de la poesía, o para decirlo de otro modo, otorgan como decía Juan Rulfo un gusto particular por las cosas, pues es en las diferencias, donde el mundo desborda sus márgenes.

También dentro de la misma España es posible observar, sobre todo en los últimos años en algunos poetas, los menos, pero los más osados, un deseo de separarse de los lugares comunes, de las similitudes y los espacios de confort, con el afán de encontrar caminos distintos y abiertos. Es imposible negar los alcances que la poesía española del siglo XVI con San Juan de la Cruz como altura máxima, consiguió para la expresión humana, pues dio “a la caza alcance”. Sin embargo, todo eso quedó atrás. La Generación del 27, no fue suficiente para reactivar siglos de penumbra. Fue quizá José Ángel Valente en el siglo XX, quien con su rigurosa obra poética y ensayística, acusó sinceramente una esterilidad que pedía ya una renovación. Valente sembró de silencio sus poemas, y aunque esto puede verse desde un punto de vista como una “poética de receptividad”, como una forma de hacerle un lugar a una “religiosidad” extraviada a través de siglos, también es posible ver en este ejercicio de vaciamiento un gesto de tabla rasa, un borrón y cuenta nueva.

Si tomamos esto último así, quizá sea posible valorar la poesía española de las últimas décadas de un modo más cabal, en donde la pleitesía por un pasado de gloria quede a un costado. Junto con Valente, está la obra de Juan Benet, a quien habría que leer nuevamente con curiosidad. Su prosa expansiva no es otra cosa que poesía, y contrariamente a la estrategia de Valente, Benet desgastó en una narrativa obsesiva aunque contenida al mismo tiempo, lo que quedaba de un barroco en ruinas.  Al final, su esfuerzo resultó otra forma de limpieza. Junto con Benet hay que rescatar a algunos narradores de avanzada de las décadas de los sesenta y setenta como Luis Goytisolo y Agustín Gómez Arco que escribió gran parte de su obra en francés.

Después de Valente, en la poesía ha aparecido como una figura de referencia Antonio Gamoneda, quien ha podido reactivar el pasado, al tiempo que integró con un lenguaje transparente una emoción cargada de inmediatez. Otra propuesta importante es la de Olvido García Váldes, quien ha conseguido con elegancia una intimidad no exenta de lirismo. Hay también poetas más jóvenes que han visto en la traducción un modo de revolucionar sus propios poemas como Marco Canteli, que tradujo ni más ni menos que Pedazos de Robert Creeley, un poeta muy ajeno en su registro a la poesía española de cualquier tiempo. Lo mismo ha sucedido con Rafael-José Díaz, traductor entre otros autores de los poemas de Hermann Broch y de Philippe Jacottet.

El caso de Díaz (Tenerife, 1971) es bastante grato como ejemplo y experiencia para otros poetas. Se inició en las Islas Canarias alrededor de un grupo vinculado a Andrés Sánchez Robayna, quien a su vez se apoyaba en Valente como piedra de toque. Díaz comenzó a publicar joven al tiempo que se formaba como editor de revistas. Desde el comienzo tuvo mucha conciencia de trabajar con palabras que no solamente eran conceptos sino además materialidades. Desde sus poemas, ha sido capaz de tejer una sólida poética que hoy es posible revisar en La crepitación, su obra reunida hasta el día de hoy. Uno de sus primeros poemas dice, por ejemplo: “dónde se guarda la palabra que puede hacerte venir. quién la custodia. cuándo habría yo de pronunciarla. entre qué silencios. con qué voz. sobre qué piedra de luz. dónde se guarda la palabra que te contiene. sabré encontrarla y decirla…” Uno de los últimos, escrito entre el año 2002 y el 2005, agrega lo siguiente: “Lo que en una terraza / tras la lluvia, una noche, / se descubre a los ojos que no quieren dormir / no es posible decirlo con palabras.” Lo que de algún modo ratifica una misma idea de la poesía: el poema como misterio, como zona de revelaciones que pocas veces alcanzan lo real.

Desde este punto de vista es posible decir que la poesía para José-Rafael Díaz es un deseo de realidad que no se cumple pero que a pesar de ello, es necesario jugarse en escribir poemas. Si Valente hizo una tabla rasa la obra de Díaz es un intento por abandonar las cenizas. La crepitación es el final del fuego pero también el comienzo. Quizá por lo mismo los últimos poemas del libro inéditos hasta ahora, resultan más aéreos. Dibujan palabras que vuelan sobre las páginas al tiempo que concentran, a modo de haikus, imágenes sencillas del presente y de la memoria. La poesía de Díaz es una poesía que piensa, sin embargo y por fortuna no se reduce solamente a ideas.

Como decía, en las últimas páginas de La crepitación, los poemas llegan a un refinamiento que sólo es posible después de muchos años de trabajo y conciencia sobre el oficio: “El poeta (al menos el que yo desearía ser) escribe siempre en los bordes del sueño: en la incertidumbre del adormecimiento o en la lenta resurrección del despertar; en la encrucijada de los caminos; en la oscuridad de la noche irrigada de estrellas; junto a las tumbas de los muertos, frente a esa última morada que es a veces la luz crujiente del mediodía; en habitaciones vacías asediadas de pronto por remotos recuerdos; bajo acantilados extasiados ante los pliegues de un mar inaccesible; en medio del bramido de un viento que desgasta y desnuda las palabras. El poeta (al menos el que yo desearía ser) habita desde el principio los límites difusos de un umbral en el que las palabras se adelgazan silenciosas entre la vida y la muerte.”

La última sección de La crepitación de la que hablaba se titula “Una ruta de junio” (2006). Es breve y concisa y curiosamente se apega a lo local y a lo biográfico, y como en muchos otros casos en que esto sucede en la poesía, el poema gana en su proyectividad y espesura: “Ya nadie vive aquí, / o apenas nadie, / en Jerduñe, el silencio cubrió todas las voces, continúan temblando las espigas, / el mar que fuera nuestro, y las laderas, / no han dejado de arder si el sol lo quiere, / solo falta el amor / que entonces nos ataba / aquí a la tierra.”

Imagen por: circulodepoesia

Ana no

Agustín Gómez Arcos
Cabaret Voltaire
España, 2009

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Resulta grato dar vuelta a la última página de una narración que nos ha colocado en una situación nueva. Ana no comparte una anécdota sencilla, igual a muchas otras, pero lo hace inventando un sistema inédito hasta antes de su existencia. Una mujer mayor camina por España para visitar al último de los tres hijos que le queda vivo y que está encarcelado. Agustín Gómez Arcos cuenta esto en frases apretadas que producen una respiración jadeante, no exenta de emoción: “Ana Paucha, despiértate. Abandona tu casa antes que salga el sol. La luna ha muerto. Que nadie vea que te marchas. Nadie. Ni animal. Ni estrella. Que no haya testigos de lo que vas a hacer. Eso es lo que querías cuando, hace rato, te quedaste dormida en la silla: irte sin dejar rastro.” Y este fragmento sirve además para dar una seña del carácter poético de la narración. Una poesía que se ancla como puede observarse en un lenguaje ceñido que no abandona la anécdota perdiéndose en metáforas o símiles complicados, y que aumenta su energía en otras resonancias como las que producen a veces los sonidos de las palabras. Y esto último hay que decirlo discretamente, pues lo que leemos es una traducción.

Gómez Arcos nació en Enix, España, en 1933, y murió en París en 1998. Estudió en Almería y Barcelona, y fue en esta última ciudad donde descubrió su vocación por la literatura y el teatro. Como dramaturgo obtuvo dos premios Lope de Vega, esto a pesar de la censura que sufrieron sus montajes. En 1968 comienza su exilio, primero en Londres y después en París, donde reside hasta su muerte. En Francia publica catorce novelas, todas escritas en francés y entre las que se encuentra Ana no, recibiendo reconocimientos y condecoraciones. Según la solapa de la cuidada edición de Cabaret Voltaire, con un primer tiraje en el 2009 y un segundo en el 2013, la obra de Gómez Arcos forma actualmente parte del programa educativo de liceos franceses y sus restos se encuentran en el famoso cementerio de Montmartre.

Además de Ana no, Cabaret Voltaire ha publicado Poesía (Obra completa), El cordero carnívoro, Escena de caza (furtiva), La enmilagrada y El niño pan, títulos que suponen ya, un compromiso por parte de la editorial española de recuperar a un autor muchos años olvidado dentro del mundo literario y cultural hispanoamericano. El trabajo de Gómez Arcos recibió una buena acogida en Francia, sin embargo en español quedó relativamente relegado. Ana no se publicó en 1977 y según el prólogo de Adoración Elvira Rodríguez que acompaña la edición, fue “un auténtico ‘best-seller’ en Francia” donde consiguió el Prix du Livre Inter. Desde su publicación, se reimprime hasta el presente. En 1985 Jean Prat realizó una versión cinematográfica con alguna resonancia.

Gómez Arcos pertenece a una generación de interesantes escritores españoles –la de la posguerra y el franquismo– que por la exigencia de sus libros han sido más o menos leídos. Entre ellos se encuentran Luis Martín-Santos y su inolvidable Tiempo de silencio, Carmen Martín Gaite, Juan y Luis Goytisolo, pero por sobre todo Juan Benet y su inquietante y rigurosa obra. Todos ellos formaron parte de un momento y un ambiente internacional de renovación ocurrido en los años cincuenta y sesenta y, es importante decir, que dentro de este período más que en otros la narrativa fue un oficio serio y total, que produjo paralelamente desde el punto de vista de sus creadores una aguda reflexión al respecto de sus formas y su lenguaje.

Sobre Ana no, Gómez Arcos escribió: “A decir verdad, este personaje, Ana no, nunca me necesitó: es más grande que yo; es más interesante que yo; es independiente de mí. Creo que sólo he sido un accidente para ella: le presté mi pluma para que contara su historia, nada más. No me considero su creador. Más bien fue ella quien me eligió a mí.” Y cierto o no, esta narración posee un arrastre vigoroso, que una vez que uno comienza a leer, las palabras que han sido meticulosamente ordenadas nos impiden abandonar el viaje a través de sutiles formas del amor y el desamparo.

Imagen por: Editorial Cabaret Voltaire

Tres de los Short Movies

Gonçalo Tavares[1]

Traducción del portugues: Abel Muñoz Hénonin

 Gonçalo Tavares

*

 

El piano

 

Un piano con las teclas partidas, rodeado de agua, tal vez en un pequeño lago. El dueño del piano llega hasta él, con el agua hasta los tobillos. Su mujer y sus hijos murieron en la catástrofe, pero ahora él localizó el piano que, con la caída de la casa, desapareció. Llegado al pie del piano, el hombre toca una tecla casi por instinto, para ver si aún funciona. Hay mucho barullo en la ciudad, hay sirenas de ambulancia por todos lados y por eso él no tiene la certeza de si lo que oyó fue resultado de haber tocado el piano. Pero el piano está deshecho de tal forma que es imposible que alguna tecla todavía funcione. De cualquier forma, el hombre ―que acaba de perder a la mujer y los hijos― habrá perdido por completo también la razón o si no habrá ganado otra forma de mirar lo que le acontece, esto porque, en pleno alborozo, en el punto en que cada uno procura encontrar a sus familiares y confirmar si aún están vivos, es en ese punto que ese hombre súbitamente grita… y pide ayuda. Pero en ese momento nadie va a ayudar a rescatar un piano.

 

*

 

La máscara

 

Un hombre con una máscara de gas en la cara. El rosto deforme. Como si fuera un monstruo. Hace después los gestos de un chimpancé. Pone las manos curvadas y simula los pequeños saltos y movimientos del chimpancé. El plano se abre. Vemos a quien le hace aquello. Es para una mujer. Una mujer muy vieja. Moribunda. Ligada a varias máquinas y con suero entrándole en el brazo. Aún así, la vieja mujer sonríe primero, después ríe, ríe mucho, no consigue parar de reír. Sólo la vemos reír como si hubiera perdido el control.

 

*

 

La pistola

 

Un niño con una pistola en la mano llora junto a un carro donde está acostado el cuerpo muerto de su padre. El niño tiene una pistola color plata y no se percibe si es verdadera o falsa. De cualquier manera, el niño llora de verdad y aquello que tiene en la mano, a lo lejos (igual a dos o tres metros), parece un arma, y por eso asusta. El carro arranca de repente y allí va el cadáver del padre, allá atrás, echado dentro de la cajuela. Cuando el carro arranca algo pasa en la cabeza del niño porque apunta la pistola hacia el carro y empieza a disparar. Sólo así se percibe que es una arma verdadera.

 

[1] Gonçalo M. Tavares. Luanda, Angola, 1970 comenzó a publicar em 2001 narrativa, poesia y ensayo. Gran parte de su obra ha sido publicada en México por la editorial oaxaqueña Almadía. Entre sus  novelas destaca Aprender a rezar en la era de la técnica (2007). Estos textos son parte de su colección Short Movies (2011).

Imagen por: Bel Pedrosa

Presentación de “Declaración de Principios”, de la Orquesta de Poetas

Es muy interesante, revelador y complejo el sonido, una suerte de suspiro, que da inicio a “Declaración de Principios”, el poema-tema (poetema podría llamarse), que da el título al Libro/Disco que hoy se presenta. No es un fffff de relajo, sino más bien un ihjjj. No es un suspiro de melancolía o cansancio, pero tampoco queda claro si es de miedo o de sorpresa, surgido de la repentina constatación de una urgencia. Sí está claro que ese poetema, cuyo texto es de Jorge Velásquez, habla de conquistar territorios (“Debemos invadir / Anclar nuestro reino en su archipiélago”) y de crear modos propios, una necesidad permanente en el arte, y que esta Orquesta honra con su propuesta.

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El suspiro se transforma así en una aspiración que recorre todo el proyecto, y que hace de la Orquesta de Poetas un ejemplo único en Chile, porque busca, de una manera muy integral, y de altísima calidad en todos los aspectos, hacer de la poesía un arte escénica. No es sólo un disco que se puede escuchar muy bien, y tampoco es sólo un libro que yo llamaría de poesía visual; sino una experiencia de ver, leer y oír (los videos que acompañan el libro/disco buscan registrar, acompañar o reemplazar la performance en vivo).

 

En una reseña sobre un concierto de este grupo, Pablo Chiuminatto señaló que la Orquesta de Poetas “logra, entre otros muchos efectos, hacer presente lo escénico, lo visual y, dichosamente, un concepto de espectáculo. Es decir, consideran una audiencia potencial, aspecto que es preciso reconocer y celebrar, porque integra emisión, audición y participación como foco de la experiencia estética”. Chiuminatto asimila este espectáculo a “la ópera, algunas formas de teatro, danza-teatro, o, aún más cerca, de jam session”.

La Orquesta de Poetas reúne voz, texto, sonido, imágenes, performance y música, pero usa pilares fundamentales de la poesía. La voz o el aliento del poeta explica el suspiro que da inicio al disco quizás. Pero luego se traduce en la presencia de voz humana en vivo o sampleada, y de palabras y frases y párrafos y versos, pero también estrofas y coros, como puentes en definitiva, entre la poesía, la música y la performance. Chiuminatto observa entre sus fuentes “la tradición de las vanguardias de música y de poesía concreta de comienzo del siglo XX”. Y efectivamente, acá uno puede ver muy bien materializada, sobre el escenario, la utopía de la poesía concreta del verbivocovisual, esto es, la reunión colaborativa y virtuosa del sentido, sonido e imagen en una misma obra.

 

Por otro lado, se trata de cuatro muy buenos poetas. Hay muestras clásicas de poesía concreta, como el poema “Las Olas”, de Felipe Cussen. También hay interpretaciones de poesía sonora a capella a varias voces, todo un clásico en esa disciplina, como en “Vocales”, poetema de Fernando Pérez basado en un poema de Arthur Rimbaud. Y también hay varios poemas calificables de visuales, como “Pacos”, del mismo Pérez.

Los integrantes de la Orquesta son hombres que han cultivado muchísimo sus múltiples talentos. Hay tres doctorados en literatura de importantes universidades: Cussen, Fante y Pérez; y el cuarto, Eisner, tiene estudios de musicología y dirigió uno de los proyectos editoriales de poesía más importantes de Chile en los años 2000: Ediciones del Temple. Pero al mismo tiempo son muy buenos músicos. Fante es uno con el contrabajo. Pérez no tiene nada que envidiarle a Ray Manzarek de The Doors con sus teclados. Eisner siempre sólido en el bajo y muy bueno en la melódica; y son un gran aporte musical y visual las percusiones uruguayas que integró a su pieza “Todo Bien”. El factor electrónico, de samples, loops y efectos de Cussen, da a la banda una textura propia y un pie en la poesía sonora digital. La aparición de Carlos Cociña leyendo su propio poema “A Veces Cubierto por las Aguas”, es extraordinaria, y la presencia de José Burdiles como baterista invitado en varios temas un aporte imprescindible.

 

Hay además algo muy poco habitual en actividades vinculadas a la poesía: bastante humor. Otra vez el toque de Cussen en este aspecto se hace presente en la pieza electrónica vocal “Oh My God”; y que también destaca en la ya citada “Pacos”, de Pérez, o en “Cholitas catfight”, de Juan Pablo Fante.

 

La colección de videos es un excelente registro de sesiones de estudio, muy bien preparadas y producidas, y tiene un elegante trabajo de composición de imágenes, edición y efectos. Algunos son verdaderos video clips, como “Relógio”, compuesto por Fernando Pérez a partir de un poema del brasileño Oswald de Andrade; o “Derrumbes”, de Pablo Fante. El e-libro que acompaña al disco tiene letras, partituras, poemas visuales, permutativos, de listas, de ellos mismos y de otros poetas, además de fotos muy buenas, biografías breves de los autores e información técnica. Es un gran documento.

 

Termino citando de nuevo a Pablo Chiuminatto: la Orquesta de Poetas “recupera costumbres tan antiguas como aquellas en las que los poetas tenían el rol de sostener la fiesta, fuese a Dionisio como a tantos otros”. Hoy nos toca a nosotros. Y la Orquesta de Poetas me gusta. Espero que a ustedes también.

 

Feria Internacional de Libro de Santiago, 07/11/14

Para descargar: http://www.cumshot.cl/orquesta-de-poetas-declaracion-de-principios/

Imagen por: orquestadepoetas

“Nosotros caminamos en sueños” de Patricio Pron

Literatura Random House
España, 2014

¿Qué tienen en común la guerra, las trincheras y el aparato bélico con el inolvidable país de las Maravillas? En una primera impresión, seguramente nada. ¿Qué podría enlazar lo onírico y la imaginación de una niña con la desesperanza y la muerte que representan los conflictos armados?

 

Fundidos entre la ficción y la realidad, los habitantes del país de las Maravillas —producto de la imaginación de Lewis Carroll— guardan un secreto tras de sí: dotados de una fantasía especial, representan el sinsentido dentro de la realidad. Su país, es el de la posibilidad inagotable.Y es aquí donde Patricio Pron se encuentra con Carroll: la guerra como un lugar donde la fantasía y la realidad se unen en por el absurdo. Cargada de un humor ácido y terriblemente real, Nosotros caminamos en sueños nos ofrece el sinsentido que atravieza las las razones bélicas.

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Cada página de la la novela busca provocar en el lector una duda existencial, por ejemplo: ¿Qué está permitido en las guerras? Y si el país de las Maravillas es el lugar donde los gatos sonríen, donde se juega al criquet con flamencos y puercoespines y los locos ponen en tela de juicio la idea de cordura, la guerra para Pron es un horrible territorio donde lo real no se percibe como tal. La guerra permite que una bomba se suspenda sobre tu cabeza, soldados vestidos de mujer, capitanes calzándose guantes y buques de guerra luchando y perdiendo contra flotas pesqueras.

 

Desde el sarcasmo que oscila entre la formalidad y el absurdo, lo que impera en Nosotros caminamos en sueños se refuerza con personajes arquetípicos. Vemos aparecer a un doctor que no sabe otra cosa más que amputar extremidades; un General Mayor al que su imbecilidad lo convierte en materia perfecta para las promociones de rango; el Soldado Desconocido que muere en las trincheras y es enterrado en cualquier lugar, por mencionar algunos ejemplos. Y es que —para Patricio Pron— en tierra de nadie, lo único que no resulta absurdo es preguntarse: ¿eres de los nuestros?, para recibir como oscura e irónica respuesta, ¿y quiénes son los nuestros?

Imagen por: EDUARDOVARASCAR

Poemas. Augusto de Campos

Traducción, selección y estudio crítico de Gonzalo Aguilar

Gog y Magog (Edición limitada y firmada por el autor)

Argentina, 2012

PULSAR VOs

El movimiento de Poesía Concreta de Brasil probó que la poesía podía ser algo más que palabras escritas sobre una página en blanco. Esto no significó que dejaran de publicarse poemas escritos de calidad y valor universales. Décio Pignatari, Haroldo de Campos, pero sobre todo Augusto de Campos, quien jamás abandonara la experiencia de “multidimensionalidad” de la palabra para hacer poemas, encontraron y desarrollaron recursos que hoy forman parte de las distintas posibilidades que los poetas tienen para expresarse.

La edición de Gog y Magog es una cuidada antología que alberga además un breve prólogo de Antonio Risério. Las traducciones de Aguilar son excelentes y consiguen en general los efectos que el poeta brasileño perseguía. Esto no es nada sencillo si se considera la importancia que Augusto de Campos dedicaba a producir sentido al disponer las palabras sobre la página y crear relaciones de sonidos con éstas. Sin embargo hay que consignar que el mayor número de páginas del libro ordena predominante poemas visuales que no necesitan traducción. Estos textos, algunos muy conocidos como AMORTEMOR o VIVA VAIA, poseen una atracción particular que exige “leerlos” (verlos-escucharlos-experimentarlos) con mucha concentración.

En este sentido los poemas de Augusto de Campos siguen siendo un enorme reto para quien se adentre en ellos. Al final de la antología, Aguilar agrega una sección titulada “El laboratorio de poeta” con tres textos de poética. Uno de ellos es el conocido “Manifiesto de la Poesía Concreta”, otro es una introducción de Augusto de Campos a e.e.cummings, además de una breve entrevista. En ésta, el poeta brasileño dice: “Ser escritor en Brasil, ya es difícil. Ser poeta, una obstinación tan sin remedio y sin compensaciones, que sólo es posible creyendo —como Fernando Pessoa— que se cumplen instrucciones informales del Más Allá. De cualquier modo, ser poeta para mí es ineluctable. La flor florece, la araña teje y el uirapuru, en lo profundo de la floresta, toca una vez por año su flauta para nadie. El poeta poetiza. Quieran verlo o no, él pulsa. El pulsar casi mudo.”

En los cincuenta, Augusto de Campos publicó su primer libro de poemas. Escribía entonces poemas con humor como el siguiente:

Al

muerso

antes

dulce

del

intes

tino

fino

al

gr

ueso

 

Desde entonces y hasta hoy luego de un largo viaje a través de la poesía visual, la escritura en braille, los hologramas y las pantallas de computadora, la obra poética de Augusto de Campos (no hay que olvidar sus incontables ensayos sobre poesía y música) es una constelación ineludible en el territorio de la poesía universal y esta nueva edición de su trabajo actualiza su vigencia.

Imagen por: Octávio Tavares