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Poeta en Nueva York, una relectura

Hace algunos días se cumplieron ochenta y tres años del asesinato de Federico García Lorca. Eso me animó a volver a leer esa obra que tanto asombro y enigma causa a toda persona que comienza a aventurarse en el mundo de la poesía. Me refiero a Poeta en Nueva York, escrito cuando el autor estudió en la Universidad de Columbia entre 1929 y 1930. Lo hice con el objeto de evaluar su posible impacto hoy en día. 

La relectura es un tipo de método de decantación que permite separar lo vivo y lo muerto en un libro. Poeta en Nueva York se publicó en 1940, en la crisis de una época de alta dosis de experimentación artística y política, con el surrealismo en plenitud, cuando la ciudad norteamericana a la que alude el título del libro era ya el centro de gravedad del movimiento artístico moderno internacional, con el signo del asesinato de autor ocurrido en 1936 y con la expectativa de ser una obra póstuma. Así, no es lo mismo leer la obra en el momento en que se publicó que leerla en el mundo actual. Por lo menos para la mayoría inmensa de los libros la distancia temporal resulta mortal. 

Poeta en Nueva York es un abigarramiento de tendencias literarias. Algunos versos son muy rubendaríanos pero más sofisticados: “He visto que las cosas cuando buscan su pulso encuentran su vacío”; otros, montados en la moda del surrealismo, abusan de la imagen y de los adjetivos: “el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas”; otros más recuerdan gratamente a Vallejo: “Mi corazón tendría la forma de un zapato / si cada aldea tuviera una sirena”, o al propio Rilke: “¿qué ángel llevas oculto en la mejilla?”; otros más utiliza aún la rima como recurso. Se siente que el autor liberó toda su fuerza creativa sin preocupación de darle una forma más general. 

Ahora bien, no toda la obra podría considerarse perdida hoy en día. Contiene muchos pasajes que hacen pensar en una dirección que el autor todavía no afinaba, pero que ya tenía trazada. Hay un verso del poema “Tu infancia en Mentón”, que dice: “tu alma tibia sin ti que no te entiende”. En la línea hay un sonido que se mantiene constante con la letra “t” y que hace que las palabras cobren un sentido que embona con la falta de entendimiento que se menciona, por lo tanto, forma y fondo se enlazan en este caso. Pero no podemos asegurar que haya sido totalmente consciente. 

Por otra parte, creo que el mérito mayor del poemario es la conjunción de infinidad de cosas que son nombradas a lo largo de los poemas: olores, colores y sonidos son evocados como una marejada. La forma en que son evocadas tiene un acento pesimista que se nota desde el primer poema: “Vuelta de paseo”, que empieza con esas palabras: “Asesinado por el cielo, y que termina con estas: “Con todo lo que tiene cansancio sordomudo / y mariposa ahogada en el tintero / Tropezando con mi rostro diferente de cada día. / ¡Asesinado por el cielo!”Ahora bien, quizá otros ya lo hayan indagado, pero me parece digno de señalar que entre “Vuelta de paseo” y “Walking Around” de Pablo Neruda, hay una afinidad obvia que va más allá de los títulos: el caminante que es aplastado por el hastío de la ciudad y que en cada cosa ve algo hiriente. Esto es más claro si el análisis se extiende a todo el poemario de Poeta en Nueva York. La cuestión es que mientras éste fue escrito entre 1929 y 1930 y publicado hasta 1940, el texto de Neruda pertenece al libro Residencia en la tierra, escrito entre 1925 y 1933, y publicado por primera vez en 1933 en Chile y después en 1935 en Madrid. Por lo tanto, si existió algún tipo de influencia de Lorca hacia Neruda pudo darse por medio de alguna lectura de sus poemas porque aquel se los compartió a este en algún momento; si fue de Neruda a Lorca, es porque -esto es más seguro- aquel conoció Residencia en la tierra y ello pudo sentirse en las correcciones de Poeta en Nueva York. Como sea, nos parece que la calidad de “Walking around” es mayor a la obra de Lorca.    

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